sábado, 21 de febrero de 2015

Había alguien esperando




Skin, BOY


       Locales atestados de gente. Caras completamente desconocidas que escrutan tu alma a través de tu melena y tus piernas. Copas abandonadas a su suerte en improvisadas barras y botellines de cerveza acumulados, reminiscencias de tantos brindis con nombres propios y por noches memorables.

Luz parpadeante y una música que podría llevar sonando veinte años sin que nadie lo hubiese notado. Y nadie lo nota. Self-service de cacahuetes, nubes de colores y amores. Tener que esperar a que las dignidades ajenas se pierdan tras puertas de aseos mal ajustadas para poder hacerse con un espacio del que Nietzsche se habría carcajeado. Y al fin sola, cerrar pestillo, respirar hondo. Mirarse en un espejo oxidado y ver cómo el Rimmel parece haberse declarado en huelga. Refrescarse la nuca a golpe de salpicaduras frías salidas de un grifo que en otra vida debió ser heiser de mal carácter.

Y las horas que pasan a intervalos, saltándose los minutos a su antojo, ora presto ora piano. Reencontrarse con viejos amigos y prometer cafés venideros. Puestas al día al abrigo de una risa fácil que todo parece arreglarlo. Sin saber, que tras la oscuridad de ese antro de paredes ahumadas había alguien que esperaba. 

Había alguien que esperaba puertas afuera. Había alguien que esperaba que el ruido parase y la decadencia de la noche anónima fuese despertada por amaneceres dorados. Había alguien, paciente alguien, que sin saberlo, le dio la vuelta todo. Había alguien, y supo ponerme su chaqueta sobre los hombros cuando la brisa de la mañana empezó a soplar.





No hay comentarios:

Publicar un comentario