domingo, 3 de febrero de 2013

La luna




Y me parece verte entre escondida y juguetona entre dos inoportunas franjas de nubes espesas. Como recién salida del horno, tu forma redondeada y perfecta, sin claro principio ni fin, es hipnótica cual reloj de bolsillo. De fondo blanco, pero con un translúcido velo de polvos de oro te vas difuminando y lo que al principio de la tarde parecía una carcajada gatuna se va convirtiendo en una coma shakesperiana que parece separar dos universos. Ora solitaria e interesante en medio de la inmensidad de un cielo negro, ora custodiada por fornidos nubarrones que te hacen ser, si cabe, aun más delicada y femenina. ¡Y cómo me gusta! cuando parece que, en breve, una masa gris saboteará tu nocturno protagonismo y cuando parece que el peligro acecha... acecha... pero: ¡no! Las nubes se rinden, y no se atreven a hacerte callar, sumisas se desmontan y pasan sigilosas bordeando tus curvas mediterráneas. Y tú, victoriosa, te mantienes impasible, y te miro atónita, envidiando tu color, tu mentón alzado, tus hoyuelos, de lo mucho que has sonreído.



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