miércoles, 29 de febrero de 2012

El día más maravilloso de mi vida





Ni qué decir de los lunes por la mañana, ni de las farolas fundidas en la zona baja de cualquier ciudad desnuda. Convertir la niebla y el humo del amanecer, en mágica purpurina que lo envuelve todo. Abrir la ventana que parecía atascada y respirar hasta ahogarnos. 


Edward Hopper

Vida, la mía. Vida, la tuya. 

Ambiguas sonrisas de niños adormecidos que caminan somnolientos hacia sus colegios, cargados con almuerzos que terminarán crujientes de arena y punta de lápiz. Beber, desganada, un café pasado al que siempre olvido añadirle azúcar; ora por pereza, ora por que no tengo, ora por... qué se yo... Y botón tras botón, tras botón, tras botón, tras... despierta! Crema hidratante, Rimmel, bálsamo con olor a frambuesa y esos zapatos que tanto me gustan. He de devolver los libros a la Biblioteca y no encuentro el carné. Ese breve Exuperi de tapas blandas que paseo de la mesilla de noche al bolso y del bolso a tu casa, interminable prosa que parece ser lo que no es a cada punto y seguido.

Bajar unas escaleras sin apenas sitio donde apoyar el pié, demasiado altas para la hora que es; arquitectónicamente imposibles de resolver. Y coger metro, bus, metro, caminar, metro, bus y al fin: llegar. Y ese Exuperi que ni con esas se termina...

Edward Hopper, Stairway at 48 rue de Lille 

Jornada de ocho largas horas que siempre terminan convirtiéndose en diez, jamás en siete. Para luego regresar. Bus, metro, caminar, metro y ya no hay bus-demasiado tarde-, caminar y llegar. 

Edward Hopper, Chair Car

Parece desastroso, mi día. He mal-comido en algún bar del centro y la contaminación hace que el pelo me huela a una mezcla de colillas pisoteadas y cemento sin secar. El sol ha salido cuando ya estaba en el último trayecto de bus, y se ha puesto cuando aún seguía en la oficina. 

Y sin embargo, a mí me ha parecido el día más maravilloso de mi vida. Estabas tu, al regresar.


Escena del film Tu vida en 65 minutos


domingo, 26 de febrero de 2012

De lunar en lunar


Una habitación de ventanas blancas, cortinas que caen como olas acariciando el suelo, la cama supera los 2 x 2 y sus cojines te abrazan como pocas lo había hecho. El pasado se desvanece y el futuro no aparece, en tu mente sólo existe el presente. Saboreas el champán de ayer y recuerdos leves te vienen a la memoria, pero da igual. Nada importa. El cuerpo pide su rutinario café, esperas oler su aroma cerca de ti.
En lugar de un café dos brazos te abrazan y prefieres no preguntarte por qué.
Cierras los ojos y …
... Un perfume embriagador sacude tus sentidos.  Las sábanas están empapadas de cada gesto, cada acción que sin premeditación decidiste hacer. Todo se para, todo se detiene. La luz de la mañana refleja ese camino que recorriste aquella noche. De lunar en lunar, gozando de cada una de sus curvas.

viernes, 24 de febrero de 2012

Beat Generation

Mientras la sociedad americana superaba la postguerra la droga se hacia con varias generaciones. El consumo de drogas, en ocasiones, no fue más que un forma reivindicativa contra el modo de vida americano y una herramienta de inspiración. Todo esto sucedía  a lo largo de los años 40, coincidiendo con el nacimiento del be-bop  en los antros de la calle 52 de Nueva York.

Noche de New York en los años cuarenta.

Surgió una generación desesperada, arrollada por la depresión económica del momento, la segunda guerra mundial y la inminente amenaza de la bomba atómica. Una generación de escritores encontraron una nueva forma de expresión con la que deshacerse todas aquellas falsas moralidades y valores del “American way life”. Entre todo este panorama apareció la Generación Beat.
Bread Line during the Louisville flood, Margaret Bourke-White
Kentucky, 1937

A pesar de ser un movimiento creado a mediados de los años cuarenta por un grupo de amigos que escribían poesía, prosa, compartían aficiones y fuentes de inspiración como el jazz, no fue hasta 1952 que se consolidó el nombre Beat Generation. El término Beat Generation surgió en una conversación entre Jack Kourac y John Clellon Holmes donde definian una generación derrotada (beaten down). Aunque fue en 1952 cuando tuvo una difusión real dicho significado. John  Clellon Holmes dedicó a toda esta generación un artículo bajo el nombre “This is the Beat Generation” en el New York Times Magazine.
Los escritores de dicha generación acogen una nueva forma de expresión donde lo esencial es la liberación de los sentidos. Las drogas fueron su herramienta principal para conseguir altos niveles de liberación. Aunque también es utilizada para demostrar su desvinculación con la cultura tradicional y puritana que reinaba en ese momento.
Transformaron la literatura que existía hasta entonces. “Diferentes críticos señalan de esta escritura beat que es un flujo ininterrumpido, desde el fondo del espíritu, de ideas y palabras que soplan sobre las imágenes; no hay periodos que separen las frases, ridículas puntuaciones, sino vigorosos blancos, que separan las respiraciones retóricas. No hay selectividad de la expresión, sino aceptación de las asociaciones libres producidas por la mente en un mar ilimitado, nadando en un océano, sin otra disciplina que los ritmos de la respiración retórica y de las puntuaciones como un puño que golpea sobre la mesa.” (véase, "The Sixties, Years of Hope, Days of Rage" (Los sesenta, años de esperanza, días de rabia) Tod Gitlin, Nueva York, 1987)

Allen Ginsberg

Escribo poesía porque mi mente se contradice a sí misma, un minuto está en Nueva York, al otro minuto en los Alpes Dináricos.
Escribo poesía porque mi cabeza contiene 10.000 pensamientos.
Escribo poesía porque ninguna razón, ningún por qué.
Escribo poesía porque es la mejor manera de decir todo lo que tenés en mente en 6 minutos o durante el transcurso de una vida.
Improvisación en Beijing. A. Ginsberg.



Demando que la raza humana
cese de multiplicar la especie
saluden con una reverencia, se retiren.
Ese es mi consejo.
Y como castigo o recompensa
por realizar esta petición
renaceré el último de los humanos
oraré, lloraré, comeré, cocinaré...
Y una mañana ya no me levantaré de mi estera
                                                     Poema, Jack Kerouac

Jack Kerouac

Me he dejado muchas cosas en el tintero, pero que no cunda el pánico. Volveré, y con mucho más. Por cierto, si alguien está interesado aquí tiene algunas referencias.
"Festín desnudo", W. Burroughs
"Paisajes Mentales de la droga". P. Yves Petillon
"Paraísos Artificiales", C. Baudelaire


Disfruten descubriendo y aprendiendo.

martes, 21 de febrero de 2012

Somos




Bisutería egipcia que evoca tiempos de arena y sal. Llorar, sin dilación, sin pudor, sin más pretensión que la lágrima más límpida. Apartar la mirada de un periódico local que lejos de informar, opina, que lejos de entrevistar, acusa. Echar a un lado las emisoras y canales que han olvidado que los derechos son un motivo de lucha y no el leit motiv de un parchís a medias entre los unos y los otros. 

Emprendiendo una cruzada por la dignidad y cargando con Kalashnikovs hechas de azúcar y pétalos.

Escuchar indiferente los cláxones de toda una ciudad emigrante e inmigrante a partes iguales. Y creer que los pitidos y clamores de manifestaciones ajenas no van con nosotros... qué equivocados... qué imbéciles...

Todo cuanto nos rodea se está desmenuzando como corteza de pan caliente, y el polvo que de ello se va desprendiendo lo cubre todo de incertidumbre; briznas de desasosiego que nos ahogan los pulmones, alvéolos misericordiosos que nos perdonan la vida cada vez que respiramos.

Sentir como la realidad, acusadora e irremediable -tremendamente irreverente- me rodea el cuerpo, cubriendo con su viscoso pesimismo cada poro. Pero qué más da... A fin de cuentas el pesimismo sólo es eso, pesimismo. Y nosotros somos mucho más. Somos sábados por la mañana, somos palomitas dulces en el cine, somos nuestro primer amor y nuestra primera lágrima, somos suavizantes de marsella, orquídeas por florecer, somos el ayer más lejano y el mañana más prometedor, somos frías piscinas en Agosto, somos masajes en los pies, somos miradas perdidas en el tren, somos bandas sonoras, somos Sorollas y Monets, somos la sonrisa a primera hora del día, somos fresas con chocolate, somos jazz y calcetines afelpados, somos perfumes de cedro azul, somos el todo. Arrebatadoramente nuestros. Por siempre jamás.






domingo, 19 de febrero de 2012

Correo no tan ordinario


El Sol entra vacilante por tu ventana y te despierta de un sueño profundo. La noche anterior fueron todo risas. Aún saboreas las delicias de la buena compañía. Te dedicas un desayuno americano, te planteas si ya puedes dar la comida por hecha, dudas que vuelvas a tener hambre.
Enciendes el ordenador rutinariamente dispuesta a hacer todo aquello que se supone que es “útil”. No pretendes más que cultivar unas buenas bases para el futuro, irónicamente todo muy “útil”.
Vistes calcetines gruesos, camiseta térmica y un buen jersey forradito por dentro de las rebajas del año anterior. Todo eso para poder abrir la ventana de par en par, dejar que entre la luz y la brisa de la mañana. Un paisaje muy urbano, pero acogedor.
Te dispones a poner al día todos los correos, notificaciones, prensa, todo. Lo que sea. Entre todos esos correos hay una que destaca por no tener asunto, sólo remitente. Al ver el remitente optas por encenderte el primer cigarro del día y darle al play. Qué curioso, el jazz decide marcar la inicio del día.
Lees con calma pero si pausa, fijándote en cada coma, los puntos suspensivos, expresiones propias. La música acompaña el momento y el sabor del cigarro inspira melancolía. Un escrito comprimido, como un pequeño frasco con la mejor fragancia. Veintiséis líneas sinceras que empiezan con un cercano y conocido Hola bombón!.
Según vas leyendo esbozas una sonrisa sincera. Acabas de leer y sigues sonriendo como una niña de 8 años con zapatos nuevos. En ocasiones la felicidad de otros me hace feliz. Gracias.


 Esos momentos en los que disfrutabas de la brisa del mar.

Impresión, Sol naciente (1872), Claude Monet
Óleo sobre lienzo, 48 x 63 cm
Museo Marmottan-Monet





sábado, 18 de febrero de 2012

Alfons Mucha y The Doors


¿Por qué Alfons Mucha? Me compré una camiseta (The Doors) que me recordó a Mucha y no he podido evitar dedicarle un pequeño espacio entre estas páginas. Si os soy completamente sincera Mucha está en mi vida desde que tengo uso de razón, si algún día la tuve. ¿Cómo llegó? ¿Por qué se quedó? Ni lo sé ni me importa, sólo disfruto.

Alfons Mucha
Moët & Chandon White Star (1899), Alfons Mucha
litografía, 60.8 x 23 cm
Colección Privada,
Art Renewal Center Museum

Uno olvida fácilmente que Praga es más occidental que Viena. Esta simple constatación sirve para señalar las diferencias que existen entre la geografía real y la virtual que opera en nuestras cabezas. Hasta 1918, Eslovaquia y la actual República Checa formaban parte del imperio austriaco, y los artistas de estos países tenían fácil acceso a todo lo que pasaba e Viena y el resto de Europa.
La carrera de internacional  de Alfons Mucha (1860 – 1939) ilustra la gran movilidad de los artistas de esta época. Nacido en Moravia, trabajó en Viena y Munich antes de llegar a París, donde estudió en la Académie Julian y conoció un éxito considerable. Sus dibujos fueron publicados regularmente en diversos periódicos, entre ellos “La Plume” y realizó numerosos carteles para Sarah Bernhardt.

Fotografía de una modelo y dibujo correspondiente (1928)
Decoró el pabellón de Bosnia en la Exposición Mundial de 1900, y permaneció varios años en los Estados Unidos antes de regresar a su patria para consagrarse exclusivamente a la pintura. Mucha fue un virtuoso en los géneros más diversos. Creó joyas suntuosas, y sus dibujos y carteles son perfectos ejemplos del Modernismo. Trabajó el cartel de forma original, basándose en la fotografía, como lo muestran numerosos ejemplos que se han conservado.




Primavera (1896), Alfons Mucha
Oil on panel
Colección Privada, Art Renewal Center Museum


Verano (1896), Alfons Mucha
Oil on panel
Colección Privada, Art Renewal Center Museum



Otoño (1896), Alfons Mucha
Oil on panel
Colección Privada, Art Renewal Center Museum



Invierno (1896), Alfons Mucha
Oil on panel
Colección Privada, Art Renewal Center Museum