lunes, 14 de noviembre de 2011

Punto de inflexión







Se pasó el día vestida con un pijama de Superman y unas camperas manchadas de betún. Sonó la misma canción de Cat Power una y otra vez y los ceniceros parecían los depósitos de una incineradora tras una semana de huelga. Fuera hacía frío, pero en aquella habitación empapelada se condensaba una especie de humedad tropical, microclima californiano, souvenir de una primavera en Kansas. Ganas de ti. 

El Vodka barato suplía las aguas de colonia,- y las lecturas ambiguas de Pauwels y Bergier amenizaban los minutos muertos entre horas.- Amagos de lucidez, cordura  acotada. Y un flequillo que no le deja ver. Reminiscencias sesenteras. Vesania sin controlar. 

Abrir cajas de zapatos apolilladas y sacar polaroids cerosas que cuentan una vida que no sabe de quién es. La chica pecosa que sonríe a la izquierda de la noria se parece a ella; y también la que, disfrazada de indio americano, abraza a un Marley blanco en alguna fiesta pre-universitaria un martes por la noche. Se le da un aire a la niña con coletas y cazadora tejana que canta aferrada a un micro de juguete en una barbacoa que los Scott organizaron en Marzo del 87. Y sus piernas emergen de una instantánea tomada en el lago donde ella y sus hermanas pasaban los veranos, inconfundibles rodillas magulladas, pulseras tobilleras compradas en un super y gastadas a propósito.

Y cómo convertir una noche de sábado en un punto de inflexión vital; ¿Acaso Dylan tuvo la culpa? Hoy se siente menos infeliz, pero se ha estropeado la caldera y retoma un crónico juego del que nadie conoce las reglas. Match point; otra vez.



by Jacques Henri Lartigue




1 comentario:

  1. Pienso, luego estorbo
    gritaban los indignados,
    alzando la voz a coro
    y aún los mantienen callados

    Unamuno

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