miércoles, 23 de noviembre de 2011

Habitación 504





Superficies límpidas que nos hacen de suelo. Flotar. Umbrales a medio camino entro lo desconocido y lo personal. Quererte demasiado. Buhardillas inexorables que escoden baúles, que esconden cofres, que esconden cajas, que esconden mi alma desmenuzada en pequeños fragmentos de cristal que tú te has molestado en ir recogiendo. 

Saber que el dolor pasa a un segundo plano, quedando tan lejos que se vuelve imperceptible. No hay recuerdos grises ni suicidas, sólo un ambiguo y borroso pasado repleto de personajes a los que homenajear. Juntos. Mañana.

Marcos de fotos vacíos que alguien debe completar. Posa para mí. Retina articulada. Pupila del olvido. Te espero. Sonríe. No digas nada. Destello de luz. Ahora. Repentino verano en mi cama. Neones que alumbran vidas desenfocadas, ajusta el diafragma, soy yo. Aprieta.

Abrir un buzón de hojalata y toparme con mi futuro. Existencia perfecta. Caligrafía de tu espíritu en un sobre sin cerrar. Hoy. Siempre. Sácale el polvo a tu dulzura. Mírame.

Ínfimos corpúsculos de un nosotros que medra ávido de más despertares juntos, de más risas, tan hilarantes y tan tiernas ellas, de cenas compartidas, de llamadas intempestivas, de ti y de mí.

Vehemente corazón, el nuestro.






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