martes, 1 de noviembre de 2011

1861




Sube el volumen, pon la cafetera al fuego y espera a ese olor a tostado.

"[...]  Su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. [...] Intenté dormir de nuevo. ¡Imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda [...]" *

Golpea con esmero la copa sobre el velador y rehuye el humo de un cigarro a medio camino entre lo dulce y lo amargo. 

"[...] Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquellas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota, no obstante, en la oscuridad. [...]" *


Cierra las ventanas y mécete, trata de olvidarlo todo. Siéntete, por una vez, protagonista de un cuento intemporal. Sueña que algún día se escribirán quimeras que hablarán de tí... 




* Fragmentos de El monte de las Ánimas, 1861
Gustavo Adolfo Bécquer

1 comentario:

  1. La primera vez que escuché el monte de las ánimas estaba haciendo bivac en el cementerio de una pequeña iglesia. La segunda vez lo leí a solas, de noche, pero me siguió pareciendo deliciosamente terrorífico.

    Ahora, des de finlandia, miro hacia los bosques por la noche, y puedo imaginarme perfectamente a un escritor romántico, caminando entre los troncos cubiertos de hojas húmedas, imaginando todo un mundo de fantasía.

    Atentamente,

    A.B.

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