lunes, 24 de octubre de 2011

Noventa centímetros




París, Tokio, Río, Oslo, San Sebastán, Lima, Singapur, Moscú. Qué más dará. No pongo condiciones, ni acuerdo pre-contratos, no exijo pagas-y-señales ni tampoco firmo con sangre. Aeropuertos internacionales entre tu cama y la mía. Y tiques de metro en la basura. Cenas precocinadas y frías entre guías de viaje y tomos dispares de una colección por completar. Una botella de spring-water en la mochila y otra de cava en la nevera, pañuelos de papel, calcetines de colores, algo de tabaco y mucha libertad. Tatuarse cicatrices con cincel de marfil y esperar que curen entre sorbos de un tequila compartido.

Conversaciones triviales en alguna acera nocturna, y confesiones a un barman que limpia la barra y los vasos con el mismo trapo ajado. Olvidar el reloj, apoyado en el baño; el visado, en la recepción mal iluminada de algún hostal; y la vergüenza en una habitación sin cestas de bienvenida ni servicio de habitaciones.

Noventa centímetros. Mi hogar. El tuyo. Sueños al margen de todo, bucólicos y por cumplir. Etología de un nosotros. Efímera alegría que hace temblar la mismísima Tierra, enferma de ganas por salir a bailar una de Cohen. Olvidándome de una identidad que ponía sellos y escribía direcciones inventadas a sobres vacíos. Sentir que nunca habrá mejor aquí-y-ahora. Perfectas contradicciones, hipérboles de una vida, lisonjas baratas, ditirambos sin sentido.

Piensa en mañana, que yo seguiré divagando acerca del hoy...




1 comentario:

  1. Me suena haber hablado de ésto contigo. Podría ser?

    Anónimo

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