domingo, 25 de septiembre de 2011

Las sirenas de Ulises






El olor era persistente, como si todos los pétalos del mundo se hubiesen abrazado los unos a los otros, concentrando todas las esencias del cosmos en una sola. Las ramas, lacias, y pesadas, se movían con parsimonia de un lado a otro, dándole, de paso, una bonita banda sonora al viento. 

La mesa, el mantel de lino, las finas cortinas de la jaima, los cojines, almohadas, fulares  y chales blancos. Todo blanco. Parasoles ladeados con bonitos brocados y fuentes griegas con nenúfares. Plumas de codorniz y un sendero de cantos rodados. 

Dos pavos reales que cimbraban sus cuerpos alados y despacio, muy despacio, ungías de mermelada el brioche. Ora a babor, ora a estribor de la rebanada. Sorbía un vino húngaro que sabía a uvas pasas y cuando se hacía de noche nos sumergíamos  en un arroyo del que salían, envueltas en una nebulosa púrpura, las sirenas de Ulises. 



2 comentarios:

  1. Veig que ja estructures més(si parlo amb LR). Tens deures a fer, oi ;D?

    M'agrada la metàfora del babor i estribor... I see what you did there...

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  2. Si! vaig fer-te cas... quant al deures... està a la meva llista de coses pendentes per ahir... tu ja m'entens... no se m'oblida¡! a million kisses!! ;)

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