miércoles, 24 de agosto de 2011

tiempo





Un señor con sombrero de ala ancha se pasea de la mano de una señora con vestido de gasa y juntos siguen con la mirada un niño raquítico con boina que corretea entre los charcos con un trozo de pan seco en las manos. Y frente a ellos un edificio del siglo anterior parece sacado de una ópera clásica, y las columnas griegas revestidas de mármol quieren saberse esbeltas.

Y mientras un ciego toca las palmas al ritmo que una armónica oxidada le marca, un perro con alopecia baila sobre dos patas, y el niño raquítico le da el trozo de pan, y el perro lo mordisquea y el ciego ve sin mirar.

Empieza a llover. Hay nubes bajas y los charcos salpican, la calle se vacía y la armónica deja de sonar. Los señores elegantes dejan de darse la mano y sujetan sendos tocados. Corren hacia las pilastras y en un porche se refugian arremolinándose, apretujados, entre otros tantos.

Dentro del edificio, dos pisos más arriba, una señorita, enfundada en un corsé crema, rebusca agitada entre una cajonera francesa, unos documentos sin sellar, para vendérselos a buen precio a un caballero irlandés que se dedica a la buena mala vida. Y mirándola, camuflado entre las hojas de un invernadero tropical, un joven imberbe trata de registrar todo lo que ve para luego contárselo a un marido celosamente precavido. Pero las orquídeas le tapan parte de la estancia y desiste de su vergonzosa hazaña. En la habitación contigua una pareja se besa apasionadamente y en el pasillo una azafata limpia con esmero un cuadro mal enmarcado que nadie sabe que se trata de un Ribera original.

La lluvia se torna tormenta, y la tormenta, granizo. Y los caballos sin resguardar se mueven agitados por los golpes y salen despavoridos hacia ninguna parte. Es viernes en alguna capital europea y deseo que pase rápido, que sea lunes, jueves o martes.

2 comentarios:

  1. M'ha agradat molt lu la calaixera francesa.

    Des de Suomi, Albert.

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