martes, 31 de mayo de 2011

Habitación llamada mente


Llamas a la puerta con los nudillos apretados. Uno, dos, tres. Nada. Abres un poco y dentro está oscuro. Un poco más y asomas la cabeza. ¿Hola? Abres del todo y entras. No hay nadie. No hay nada. Una, dos, tres y cuatro paredes. Tras de ti una puerta de acero laminado color marengo. El suelo está azufrado a trozos y las paredes llenas de humedad; miro las manchas y veo el estado de Texas, la silueta de Hitchcock, una botella de Calisay y hasta el retrato de B.B.

Toco y un interruptor enciende un fluorescente. Verde, azul, ahora naranja, finalmente blanco. Ya no hay formas raras en las paredes, sólo marcas de moho y en un rincón un sobre de papel reciclado. Medio abierto.


Medio cerrado.


"Who it may concern" cita.


Lo abro y no hay nada, vacío. Levanto la vista y ya no hay manchas, paredes secas, cenefas de IKEA sobre la cornisa. Fuera el azufre; dentro el parqué. Y el fluorescente se da de baja. Tiffany's le hace el turno.


Salgo y cierro ¿Quizá el sobre estaba lleno?


                                   Quizá ahora hay paz.





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