domingo, 17 de abril de 2011

Sombreros de cáñamo desgastado






El pelo, menos largo que cuando tenías quince años, se mueve de un lado para otro, dejándote ciega a ratos. Tiene un tacto áspero que se acentúa en verano y su olor, entre almizclado y marino, escoge de tu memoria los recuerdos menos recientes para hacerlos aparecer a modo de reminiscencias soleadas. Sombreros de cáñamo desgastado, vestidos cortos, y camisas masculinas sin acabar de abotonar. Terrazas llenas hasta los topes de idiomas y acentos, pies que queman, cerveza fría. No hay maquillaje, ni perfume, tampoco móvil, ni correo electrónico, ni dieta baja en carbohidratos ni tía Marisa, ni horario de entrada, tampoco de salida. Suena Buddy Holly y todo parece menos importante.


1950's beach




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