domingo, 10 de abril de 2011

Rembrandt: La luz en la oscuridad

El pasado 29 de marzo le dediqué un post a Vincent Willem van Gogh, concretamente aludí al cuadro Campo de trigo con cuervos. Esta vez  me gustaría brindarle una oportunidad a Rembrandt Harmenszoon van Rijn. Sí, ¿y qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Por qué hablas de van Gogh y Rembrandt? ¿y a mi qué?

Autorretrato a sus 23 primaveras.
  Reambrandt ya jugaba con la técnica del claroscuro.




Es bien cierto que son dos artistas muy distintos, ya nos centremos en la temática de sus obras o, simplemente, en sus personas. Sin embargo tienen algo en común (a parte de ser holandeses), ambos jugaban con la luz en medio de la oscuridad en sus lienzos. Quiero, deseo y anhelo poder hablar de Rembrandt a través de los ojos de Van Gogh.  ¿Motivo? No soy quien debería hablar de Rembrandt ya que sólo hemos coincidido a través de terceros.







REMBRANDT: LA LUZ EN LA OSCURIDAD

Rembrandt fue quien orientó a Van Gogh a la hora de pintar luz en medio de la oscuridad. El incomparable poder de la imaginación del maestro holandés le permitió evocar el sentimiento específico del atardecer y la noche, sobre todo en las representaciones humanas.

Van Gogh conoció la obra de Rembrandt en una fase muy temprana y la contempló y analizó en varias colecciones. Había visto el Lamento por Cristo (1650), atribuido por entonces a Rembrandt, en a Real Academia de Londres; La cena en Emaús (1646), en el Louvre de París; y La vigilia (1642), Los síndicos de los pañeros (1662) y La novia judía (h. 1666), en el Trippenhuis de Ámsterdam.


La cena en Emaús (1648), Rembrandt
  68 x 65 cm, Óleo sobre tela
  Museo Nacional del Louvre


 Un día, Van Gogh caminaba por Ámsterdam al anochecer, 1877, “la tierra oscura, el cielo iluminado aún por el brillo del sol, que ya se había puesto, la hilera de casas y torres destacando por encima, las luces en todas las ventanas, todo se reflejaba en el agua, era como si Rembrandt caminara a mi lado."

En su arte, afirmó Van Gogh, Rembrandt logró plasmar lo que “no se puede expresar con palabras en ningún idioma”. Lo consideraba un artista realista que, aunque hiciera uso de iconografía bíblica, siempre trabajaba a partir de su observación de la naturaleza. Otorgaba a ésta profunda importancia, de forma que incluso para sus contemporáneos su trabajo era una revelación del más alto orden en lugar de un reflejo de la vida cotidiana. Rembrandt fue, además, capaz de representar la esencia de un tema o el carácter de un personaje mediante una técnica asombrosa y, en apariencia poco cuidadosa, en la que los detalles estaban subordinados al efecto dominante que quería lograr. En 1889, Van Gogh dijo que Rembrandt le había calado tan hondo por esa ternura inconsolable, esa visión sobrenatural del infinito que aprecia tan natural”.

Bosquejo de Rembrandt van Rijn
 La Sagrada Familia de noche, (1638-1640)
  Museo Nacional, Ámsterdam

Le fascinaba el claroscuro de Rembrandt, la forma inimitable con la que representaba los efectos de la luz y la oscuridad, iluminando áreas específicas de la composición, en su opinión, no patía de colores o tonos, sino que jugaba con los valores cambiantes de la luz. Las mayores cualidades de Rembrandt, según Van Gogh, se unifican en la obra La Sagrada Familia de noche, que ha sido desde entonces atribuida a un bosquejo de Rembrandt: “aquellas dos mujeres junto a la cuna, una leyendo la Biblia bajo la luz de una vela, mientras que la proyección de grandes sobras muestra la habitación con un profundo claroscuro”.

Pequeñas pinceladas trastornadas 
sobre unas pinceladas temblorosas

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