viernes, 25 de marzo de 2011

Gustav Klimt

Me fascinas 
¿Qué puedo decir? Simplemente eso, me fascinas.

Si Gustav Klimt aún pudiese deleitarnos con su pincel y tuviese la oportunidad de hablar con él, sólo podría verbalizar dos palabras: me fascinas. Tendría ante mi a uno de los mayores artistas que jamás han pisado esta tierra y, únicamente, podría decir me fascinas.
No pretendo dármelas de intelectual ni mucho menos, a Gustav Klimt lo conocí de una forma muy tonta. Un cuadro suyo aparecía en un libro del instituto – la asignatura no la diré porque en su momento la consideraba un coñazo y, hoy en día, sigo pensándolo. Su cuadro ocupaba por completo la primera página y, cuando tenía que estudiar, me pasaba horas contemplándolo por no empezar con la materia. Me gustaba tan poco esa asignatura que en lugar de estudiar me dedicaba a buscar cuadros de distintos artistas por todo el libro. Quizás el temario era insulso, y aburrido hasta la saciedad, pero quien escogió los cuadros consiguió que empezase a amar la pintura.
Los cuadros de Gustav Klimt acaban por tener ese matiz nostálgico en mi. Ha sido mi compañero a lo largo de muchas horas muertas lectivas, entre muchos otros. Se podría decir que las pasiones del arte llegaron a mi gracias al maravilloso sistema educativo actual – nótese la ironía.

“no existe ningún autorretrato mío. No me interesa mi propia personalidad como objeto de un cuadro, sino más bien me interesan otras personas, en especial mujeres, otras apariencias…estoy convencido de que como persona no soy especialmente interesante. Soy un pintor que pinta día tras día de la mañana a la noche…quien quiera saber algo de mi, (…) debería mirar cuidadosamente mis cuadros” 
La procedencia de Klimt ha ejercido, en muchos aspectos, influencia en su arte. Vio la luz por vez primera un 14 de Julio de 1862 en Baumgarten, cerca de Viena. Perteneció a una familia de influencias artesanas que, en parte, reflejaba la pluralidad nacional de Imperio austrohúngaro. Era el segundo de siete hijos de un grabador y cincelador de origen bohemio, un artesano muy meticuloso, pero pobre. Su padre, Ernst Klimt, orientó a sus 3 hijos varones hacia su mismo camino profesional.
Gustav Klimt se forjó una sólida formación teórica y técnica en la Escuela de Artes Aplicadas del Museo Imperial de Arte e Industria de Viena. Cuando terminó sus estudios en 1883, constituye con su hermano Ernst y su compañero Franz Mastch la “Compañía de Artistas”. La muerte de Ernst en 1892 pone fin a la “Compañía de artistas”, pero la reputación de Klimt alcanza la cima apenas dos años después, con el encargo de tres paneles sobre Filosofía, Medicina y la Jurisprudencia para el techo del Aula Magna de la Universidad. A partir de entonces, en idilio con la Administración imperial empieza a enturbiarse. Así, en 1897, el pintor encabeza la fundación de la Secessión, un grupo de artistas y arquitectos vienesas que se separan de la Asociación de Artistas con la declarada voluntad de afirmar la modernidad artística y poner la escena vienesa en contacto con nuevas tendencias europeas. En ella participan arquitectos como Josef Hoffmann y Josef Maria Olbrich y artistas como Carl Moll y Koloman Moser, con los que la figura de Klimt se asocia a lo sucesivo. Un año más tarde La Secessión inaugura un edificio y empieza a editar la revista Ver Sacrum, donde Klimt publica con frecuencia sus dibujos. De su mano es también el cartel anunciador de la primera exposición pública de la Asociación, cuyo polémico tema de Teseo batiendo al Minotauro es toda una declaración de principios sobre el afán liberador de la juventud vienesa. Klimt abandona el frío historicismo de las pinturas de Burgtheater y el Museo por un estilo más plano y colorista, en el que simbolismo y aspiración decorativa es aúnan – esto ya se advierte en Música  y  Schubert tocando el piano (1899), realizados para una sobrepuerta del palacio Dumba, y en dibujos para Ver Sacrum.
 Cover for the February 1898 issue of "Ver Sacrum", the magazine of the Art Nouveau Sezession-movement.

Esperanza I (detalle)
La exposición pública en 1900 de boceto de Filosofía, una de los cuadros para la Universidad, desata el escándalo y la polémica pública, que acompañará también a los otros dos y no cesará hasta que el propio Klimt decida en 1905 renunciar al encargo y comprar de su bolsillo los paneles al Estado. El rechazo afecta al estilo, ya muy distante del academicismo de los comienzos y, a su simbolismo conflictivo y poco acorde con la idea positivista y reconfortable  de la ciencia y el saber.
Klimt abandona los encargos públicos, pero se beneficia del mecenazgo de la alta burguesía Judía y liberal de Viena – los Wittgenstein, los Lederer, los Riedler –, que lo convierte en emblema de su mentalidad abierta y moderna. A esa extracción pertenecen las damas elegantes que retrató sobre fondos brillantes y decorativos. Pero también tuvo problemas por la carga erótica de sus temas, como los desnudos de mujeres gestantes aparecidos en la alegoría de la Medicina y en las dos versiones de Esperanza (1903 y, 1907-198); miles de dibujos de ese tenor salieron a la luz después de su muerte.

En 1905, Klimt y otros artistas próximos a él abandonan la Secessión, aunque mantienen los mismo ideales, expresados en la gran exposición de la Kunstschau de 1908. Sigue promoviendo la exhibición en Viena de grandes artistas modernos extranjeros y a jóvenes figuras locales, como Egon Schiele y Oskar Kokoschka. Su vocación decorativa, iniciada en los edificios de la Ringstrasse, culmina en el Friso de Beethoven, realizado para una exposición de la Secessión en 1902, y en el mosaico para el Palacio Stoclet de Bruselas (1906-1911), una de las principales muestras de la arquitectura secesionista de Josef Hoffmann. Klimt no se casó, aunque tuvo varios hijos naturales, de los que reconoció al menos tres. Desde principios de siglo mantuvo una estrecha relación con Emilie Flöge, hermana pequeña de su cuñada y rectora de un importante salón de modas en Viena. Sobre la naturaleza, platónica o no, de esa relación existe cierta controversia. Con ella pasó algunos veranos junto al lago Atter y, cuando en enero de 1918 sufrió apoplejía de la que murió, fue a ella a quien reclamó junto a su lecho.
Coro de ángeles del Paraíso, Friso de Beethoven (detalle)


“A cada tiempo su arte; a cada arte su libertad”

1 comentario:

  1. Se dice de Gustav Klimb...que su obra se ha identificado con la decoración dorada y elementos ornamentales de vivos colores, aunque también con formas fálicas encubiertas que indican el carácter de los dibujos en que se inspiraban...
    ...todo un revolucionario de su época! muy criticado por eso pero muy valiente por mostrarlo...

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