martes, 15 de febrero de 2011

Verde Bosco

Olía a albaricoque, a fruta recién cogida del árbol. El color de su piel, sedosa y vibrante, era de un azul intenso y en la parte menos simétrica, allí donde nace el tallo, una mancha violeta dibujaba un divertido surco. Clavé con ahínco mis uñas en lo que me pareció la cara más blanda y un olor a coco y vainilla inundó la habitación entera. Por allí donde los dedos pasaban, separando cuidadosamente dos partes, un líquido verde brotaba, no era verde como el jardín de Van Gogh, ni verde como los manteles de Zurbarán, era verde, como el paraíso del Bosco.

El Bosco


Cuando tuve las dos mitades hechas miré primero una, luego la otra y finalmente mordí la menos bonita. Sabía a granada con chocolate, a cáscara de naranja con miel y nuez moscada. Primero dulce, luego amargo, algo picante y nada agrio. Era refrescante y misterioso un sabor de tarde de viernes.


La niña Rosa de J. Castillo Inostroza 











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